Suspiro por las calles sombrías
que se iluminan en intervalos
por la luz de los ojos
de algunos gatos rabiosos,
las ratas nocturnas
juegan con las navajas de los sueños,
las arañas van envenenando los ensueños:
se enciende el deseo por tu caricia,
pero la soledad
me envuelve y
borra toda imagen de ti.
Tristeza es lo único que queda,
la tinta me acompaña siempre fresca,
el dolor es su célula vital:
el motor de mis palabras.
El reloj mide el sufrimiento
mientras el crepúsculo sufre enrojecido,
música subterránea
le da ilusión a la noche,
mis venas se inflaman quieren explotar…
esperan el filo de la muerte.
Sigo andando entre las calles
y suspiro de nuevo
y en la extraña distracción de la soledad
desciende un ángel negro
que trae entre sus manos tus labios:
las ratas dejan de jugar
y caigo exhausto sobre la realidad maldita
de estar lejos de ti
mientras sonríen los gatos.
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