Vivo solo entre el amor y el desquicio
intentando olvidar las heridas
que el tiempo y la fe me han provocado.
Espero alguna ilusión o un sueño
perpetuo;
el tiempo pasa ante mis
ojos
y el invierno siempre llega ardiendo
con su infierno nostálgico y oscuro.
Lleno mi copa y enciendo otro cigarrillo
–sabiendo que odio fumar-
mientras el teléfono suena impasible,
miro sigiloso la eterna desesperación
del tiempo marcado por el reloj
que cuelga frió y exánime en la pared
salpicada de aflicciones
y desgarradores colores
que crecen enloquecidos
al vaciarse mi copa.
Mi sombra, en su delirio
busca tu esencia en el viento seco
que entra
temeroso por la ventana,
el revólver
está cargado,
y callado espera sobre el
buro,
y mientras el olvido
intenta llevarse el último recuerdo,
mi esquelética mano ávida de tu piel
hace una triste alusión
de aquel suspiro agonizante
donde tu petite mort
le dio a mi alma
fragmentada
lisonjas manchadas de
soledad.
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